Hoy estaba leyendo un libro de poesías de Juan Pablo Riveros llamado "El libro del Frío", basado en las vivencias del el almirante Richard E. Byrd en la avanzada Banquiza de Ross, al leerlo no me imaginaba lo que le había pasado a él. Todo su sufrimiento en ese mundo congelado era mi realidad, estar viviendo en un mundo lejano y frío en donde la soledad se convierte, aveces, en nuestra aliada.
"Hubo entonces, en un extremo de la tierra, un punto matamático en el centro de un mar vacío
y, en el otro,
Yo, en medio de vendavales sin fin
y donde cada punto cardinal se aniquilaba en un abismo.
Y hubo frío
el frío más frío de la tierra.
Y una noche,
y una soledad hubo,
que nadie
ni nada
pudo darle fin
Así, lejos de la Distracción,
sucumbí al imperio del viento y de la noche,
a la soberanía implacable del frío.
Y dependiendo sólo de mis leyes,
destruí TODO PUENTE CON EL MUNDO,
todo gesto, toda nave..."
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"MIENTRAS CAE LA NIEVE"
Aquí no hay antes ni después.
Simplemente nieve nos cubre
con su reino de blancura interminable.
su preciosa joyería de cristales silenciosos,
y su retorno siempre instantáneo
se estrella sobre los ocultos arrecifes de la historia.
Todo el universo cae,
como skuas que pían en un horizonte frío
Todo cae
desde el primer instante en que este mundo
escapó de la mano de la Gran Ausencia,
de la gran Blancura,
de la última Belleza primera.
Mínimamente cae
Ausencia.
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"TEMOR"
Una es la gloria celeste,
y otra la gloria terrenal.
Como quien atraviesa un precipicio,
y midiendo con cuidado cada paso
mientras admiro la puesta del Sol,
sé que piso una carga de dinamita.
Mis tubos de respiración
están obstruidos por el hielo.
Y si un ventarrón se desata
o cae la niebla de imrpoviso,
podría
perderme
de vista.
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"SILENCIO DE ABRIL"
Escribí:
Tras la armonía universal
está la inteligencia.
Debo encaminarme hacia la paz.
No estamos solos en el Universo.
No estoy solo en esta cueva de nieve.
Ella está conmigo.
Me deslizo en mi saco frío,
y durante toda la nieve de la noche
me repito:
Debo despertar
debo despertar.
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"HAY UNA LUZ QUE SE APAGA"
Alguien oscurece este caer.
Un fuego se oculta
en las brumas de la Tierra.
Y como tenue llama en la profunda oscuridad,
claridad palidece.
Pero ardemos.
Como cerilla en la noche inmensa.
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"PASEOS POLAR III"
Entonces,
no hubo ni un bambú en el universo.
todo rastro había huido.
Y hubo cambio de épocas.
La edad del mundo fue insondable.
Habían desaparecido las huellas de los dioses.
De repente, a medianoche,
Alejandria se perdía, Constantino.
Y la leve huella de la Blancura,
la primera trémula advertencia,
la primera palabra de la historia,
la Ausencia primignia
todo
habia
perecido.
Bloques de compacta nieve
me aislaban del refugio
como si estuviera a miles de años de distancia.
Ausencia tronaba
con desesperante blancura.
Y me increpaba.
sus palabras,
como un antiguo rencor,
eran cristales de hielo que se hincaban
en la hondura de un oscuro corazón.
sus voz retumbaba en la noche
como un timbal inmenso.
Una infinita blancura ardía en el alma.
Fui
el primer arrojado del Edén.
Sus muros se encarchaban de súbito
sin que ninguna crónica lo pudiera registrar.
Y el primer beso,
un copo de frío que se deshacia en el viento.
La espada del amor flameaba
en medio de una tormenta feroz.
Y en el ángel de luz era una mentira,
como miradas de espejos oscuros
con encanecidos perros fríos.
Mastines ladraban
tristes al borde del cosmos.
y hubo soledad.
La nevisca trajo los últimos fríos
en esta medianoche del mundo.
El universo entero fue una terrible fractura,
un nimio infinito
en medio de una increpación interminable.
En el cielo
dos estrellas crepitaban sobre mí.
entonces fue,
el primer bambú del universo.














16.12.05 @ 13:44